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El pan de cada Día

El pan de cada Día

EL PAN DE CADA DÍA
Martes 9 de junio. Pan, sal y luz. El libro de los Reyes narra hoy el episodio de la viuda de Sarepta, que simboliza a la gentilidad llamada a la fe. El signo pone de relieve la confianza de Elías y de la viuda. A pesar de que todo parece apuntar a lo contrario, Elías se fía en la Palabra de Dios y mantiene su fe y su confianza en Dios. También la viuda da crédito a la palabra de Elías y hace lo que le pide, dando pruebas de una gran generosidad. Todo lo que no se da, se pierde. De nuevo, la actitud de la viuda nos introduce en la “lógica del don” que enseña aquello de que es dando como se recibe. “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará”, el signo pone de relieve la solicitud y providencia de Dios en favor de quien pone su confianza en él. En el Evangelio, se nos habla de dos elementos de la vida cotidiana muy necesarios y que forman parte del mundo simbólico de la religión y de la cultura: la sal y la luz. La invitación del evangelio a ser sal y luz requiere una actitud de respeto y humildad, así como sensibilidad para captar las posibilidades que hay en ellos. La tradición bíblica ha visto en las propiedades de la sal (dar sabor y preservar los alimentos) un símbolo de la sabiduría personificada en el testimonio evangélico del creyente. En la misma línea se mueve la comparación de los cristianos con la luz. No se nos dice “tenéis que ser la sal y la luz…”. Jesús nos dice: “vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo”. O somos sal y somos luz o no lo somos. El don de la fe requiere del testimonio y la autenticidad de vida que nos lleva a “iluminar” y “a dar sabor”. Sea.
Juan Sebastián (Párroco de san Miguel)

Foto de hoy: San Miguel con la balanza en un detalle de las sacras de plata repujada del altar (Trasagrario, s. XVIII)

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